Isabel Allende ha sido llamada “una leyenda literaria”, una “constructora de puentes culturales”, y una de las mujeres líderes más influyentes de América Latina, pero ella, también es como una buena amiga con quien te quitas los zapatos, te acurrucas en el sofá y dilucidas la vida.

Descubriendo Historias Que Deben Ser Contadas


La escritora Joanne Leedom-Ackerman presentó a Isabel en el PEN / Faulkner Foundation Reading Series (Series de Lectura de la Fundación Faulkner), que se celebró en la Catedral Nacional de Washington el 30 de abril de 2010.

Isabel Allende ha sido llamada “una leyenda literaria”, una “constructora de puentes culturales”, y una de las mujeres líderes más influyentes de América Latina, pero ella, también es como una buena amiga con quien te quitas los zapatos, te acurrucas en el sofá , y dilucidas la vida.

Conocí a Isabel Allende más de veinte años atrás, en Los Ángeles, en una de sus lecturas públicas. Yo estaba trabajando con PEN, que puede haber estado co-patrocinando el programa-ya no recuerdo-pero me acuerdo de haber asistido a una noche impactante con mis colegas. Durante los últimos meses he estado absorta en mi continua lectura de Isabel Allende y puedo afirmar que soy uno de sus buenas amigas, aunque ella quizás no lo sepa. Sin embargo, como lectora, tengo la sensación de que no estoy sola en este club, o en esta tribu, porque si te sumerges en sus obras de ficción y libros de autobiografías, no sólo sientes que la conoces desde su prosa fácil y confidencial, pero sin duda crees que ella te conoce a ti por su comprensión de tu vida, sientes que ella quiere conocerte y luego te permitirá entrar en la tribu de gente que ella colecciona a su alrededor.

Esta intimidad que ella logra es en parte responsable, estoy segura, por su amplio número de lectores. La lectura de sus libros es como sentarse y tomar un café con amigos en la mesa de una cocina, cuando uno de ellos pregunta: “¿Quieres oír una historia? Déjame que te cuente lo que pasó …” Y te vas a su mundo.

En su memoria, La Suma De Los Días, Isabel le cuenta al lector que en cierta forma así es su vida con sus amigos, incluyendo a las Hermanas del Desorden, amigas que están en comunicación permanente, orando unas por otras y compartiendo sus puntos de vista sobre la vida espiritual. En su narrativa ella entreteje los hilos de la búsqueda espiritual, de la historia, del amor, de la política y de la liberación individual, en un trabajo que informa, entretiene y estimula el pensamiento.

La relación íntima que Allende transmite en su escritura se contradice con la estricta disciplina que encarna como una escritora cuando trabaja en un libro, escribiendo seis días a la semana, diez horas al día. Ha publicado más de dieciocho libros-novelas, colecciones de cuentos cortos, memorias, y novelas para jóvenes adultos, así como obras de teatro y varios artículos como periodista. Dos de sus libros, han sido llevados al cine. Ha ganado numerosos premios, incluyendo La Orden al Mérito Gabriela Mistral, la primera mujer en ganarlo en Chile; ha sido elegida para la Academia Americana de Artes y Letras; ha recibido doctorados honorarios y también ha enseñado literatura en universidades, entre ellas en la Universidad de California en Berkeley. Su obra ha sido traducida a más de veintiocho idiomas y ha vendido más de cincuenta y seis millones de copias.

Nacida en Perú, de padres chilenos-su padre era un diplomático- se crió sobre todo en Chile, y algunos años en el Líbano. Después de la dictadura militar de 1973, cuando su primo Salvador Allende, entonces Presidente de Chile, fue derrocado y asesinado, se trasladó a Venezuela con su esposo y dos hijos pequeños, donde continuó su carrera como periodista y conductora de televisión. Una vez trató de hacerle una entrevista a Pablo Neruda, un poeta chileno renombrado, pero el se rehuso, y le dijo que ella tenía demasiada imaginación para seguir con el periodismo.

Durante su exilio en Venezuela, recibió la noticia de que su abuelo, con quien había pasado su infancia, se estaba muriendo. Ya que ella no podía volver a Chile, comenzó a escribirle una carta que se convirtió en su primera novela, La Casa de los Espíritus. Desde entonces, Isabel comienza sus libros el 8 de enero, el día en el que comenzó esa carta.

“Soy una escritora porque he sido bendecida con buen oído para las historias, una infancia infeliz y una extraña familia”, dice.

La Casa de los Espíritus, publicada en 1982, consolidó a Allende como una escritora importante, y con cada libro su número de lectores ha crecido en todo el mundo. Ella escribe en español, y luego trabaja en estrecha colaboración con la persona que traduce sus obras al inglés.

Su escritura comienza con el corazón. “En realidad, las cosas más importantes de nuestra vida pasan en las cámaras secretas del corazón”, dice ella, agregando que, “toda la ficción es en última instancia autobiográfica. Escribo sobre el amor y la violencia, sobre la muerte y la redención, sobre mujeres fuertes y padres ausentes, sobre la supervivencia.”

La historia, la memoria, el amor, y la violencia son temas que se repiten en sus novelas, que están llenas de sus mujeres fuertes que buscan amor y también sus propias identidades en sociedades que no les ceden espacio fácilmente. Esto, sin duda, ocurre en su nueva novela, La Isla Bajo El Mar, al igual que en su trilogía, La Casa de los Espíritus, La Hija de la Fortuna y Retrato en Sepia.

Allende se identifica como feminista, y su escritura da testimonio de su pasión por la libertad y el espíritu de las mujeres. También es compasiva y le interesan igualmente el corazón y la mente de sus personajes masculinos.

En sus novelas y sus memorias, ella demuestra una fuerte creencia en la vida, y la sabiduría que trasciende el mundo material en que vivimos. Ella y sus personajes escuchan y entienden al gran mundo espiritual, intuyendo a menudo el consejo que podría venir de aquellos que han fallecido.

En el aquí y ahora, Isabel Allende tiene la suerte de tener a su alrededor un grupo grande de familiares y amigos que la aprecian. Se mudó a los Estados Unidos más de veinte años atrás, y después de su divorcio se casó con un hombre que ella dice es el amor de su vida. Se hizo ciudadana americana en el 2003. La mayor parte de su familia y amigos cercanos viven a pocos kilómetros de ella en la zona de San Francisco.

Leyendo sus memorias, he llegado a conocer por lo menos una versión de su vida y de su familia, mucho más de lo que la mayoría de las familias saben sobre sí mismas.

“Siempre estoy dispuesta a abrir mi vida y mi corazón”, dice Allende, “porque creo que en general no es la verdad expuesta que nos hace vulnerable, sino los secretos que guardamos … Soy consciente de lo mucho que todos tenemos en común.”

Me arriesgaré a ofrecer una palabra para resumir, al menos lo que sentí, sobre Isabel Allende. La palabra es generosa. Ella es generosa como cuentista, como autora de memorias y como persona. Abre sus puertas y su alma, sus pensamientos y sentimientos, con la disciplina de un artista. Al hacerlo intenta sanar e iluminar la vida de los demás y también la de ella. Esta generosidad explica, al menos en parte, su popularidad en todo el mundo.

También ha iniciado una fundación con las ganancias de su libro de memorias Paula, sobre su hija que murió joven. La Fundación Isabel Allende ayuda a mujeres y niñas en Chile y en el zona de San Francisco, ofreciendo capacitación y protección a través de proyectos de educación, de salud, y de las artes literarias. Ella cita el lema de su hija, que utiliza como su guía y lema de su fundación: “ante la duda pregúntate ¿qué es más generoso que puedes hacer en este caso?”